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La generación marcada por vivir su último año de colegio en casa

La pandemia ha roto sueños en todo el mundo. Y hay una generación de estudiantes en todos los países que se habían ilusionado con vivir su último curso de secundaria, licenciarse y despedirse de sus compañeros en el último día en la sala de clases.

Y en Magallanes no es la excepción. Los jóvenes que cursan el cuarto año medio en los colegios municipales, particulares subvencionados y particulares enfrentan igual sufrimiento y desilusión. Sólo alcanzaron a disfrutar de la primera semana de clases. A saludarse entre los compañeros. Algunos cumplieron con el rito de lucir la corbata que los diferencia del resto del alumnado. Otros no alcanzaron a ello porque esperaban la ceremonia especial ante todo el alumnado.

Las salas de clases están vacías. Allí quedaron los sueños interrumpidos. Las conversaciones inconclusas y están pendientes las nuevas historias que marcarían la vida del último año de cada uno de los cursos formados hace cuatro años cuando se unieron en el primero medio.

El silencio que impera en las salas ahogó los últimos gritos de los jóvenes, las carcajadas por las últimas bromas y las risas nerviosas ante los llamados de atención de uno u otro profesor.

Tampoco viven las últimas competencias deportivas defendiendo las camisetas de sus cursos o de sus colegios. Ya no volverán a las canchas para jugar fútbol de salón, básquetbol, voleibol o balonmano.

Y quienes se ilusionaban con participar en festivales de cantos o de coreografías; o vivir el tradicional Festival de Manifestaciones Artísticas Musicales que cada año organiza el Liceo San José y congrega a los estudiantes de todos los colegios de la ciudad, son parte de los sueños rotos por el Covid-19.

Hoy todos viven su último año de secundaria en sus casas, conectados por internet en clases online y los cursos no están ocupando las salas. El bullicio dio paso a cuando interactúan a través de las clases online.

Muchos deben lidiar cada día con el bajón emocional. Gracias a la contención familiar y de sus profesores sacan fuerza y se rearman para enfrentar el día a día de clases.

A través de estos cuatro testimonios de jóvenes magallánicos, intentamos de alguna forma representar las ilusiones, sueños, ansiedades, temores e incertidumbres de centenares de estudiantes que conforman la generación 2020 para egresar de la enseñanza media y que aún mantienen la ilusión al menos de tener una licenciatura, aunque sea con distanciamiento, pero que alcancen a recorrer los pasillos y reencontrarse con sus salas de clases.

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